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¿Por qué sufrimos ansiedad?

La ansiedad ha sido desde siempre un concepto nuclear que se encuentra asociada a numerosos trastornos psicológicos y psiquiátricos, bien como un elemento principal (estableciéndose como el primer diagnóstico), o bien como consecuencia derivada y/o comórbida a otro trastorno principal.

Algunos estudios americanos como el del National Institute of Mental Health estiman la prevalencia del trastorno de ansiedad generalizada (en adelante TAG) en un 5,1% de la población norteamericana total; datos similares fueron recogidos por un estudio realizado en el National Comorbidity Survey.

En España, un estudio sobre la prevalencia de los distintos trastornos en las consultas ambulatorias psiquiátricas arrojó que un 13,7 % de las consultas se debían al TAG.

Un estudio más reciente entre la población de universitarios de Colombia encontró que hasta un 58% de estudiantes sufría en mayor o menor medida síntomas asociados con la ansiedad, con una ligera prevalencia de mujeres respecto de hombres (59,6% frente a 56,6%).

Como se mencionaba al principio de este artículo, la ansiedad puede aparecer también como consecuencia de otro diagnóstico de salud principal, y así lo avala el estudio de Cruz et al. (2011) donde se encontró que hasta un 53% de pacientes diagnosticados de Diabetes Mellitus tipo 2 sufrían de un alto índice de ansiedad estado.

La ansiedad ha sido, como se mencionaba arriba, ampliamente abordada en psicología y desde numerosos enfoques y corrientes, pero, ¿cómo podemos definir la ansiedad? La Real academia de la lengua española (en adelante RAE) concede dos acepciones al término, por un lado «estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo» y por otro «Angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos».

Las palabras ansiedad y angustia provienen de la raíz germánica angh que significa constricción y/o malestar, es decir, atañe a un componente tanto biológico (constricción) como psicológico (malestar), misma distinción que queda reflejada en las dos definiciones que ofrece la RAE.

Esta dificultad para esclarecer a qué hacemos referencia cuando nombramos a la ansiedad ha estado presente desde hace mucho tiempo, así, algunos autores hacen una clara distinción entre ansiedad y miedo, Epstein (1972) diferenció estos dos conceptos en términos de acción, por lo que el miedo movilizaría recursos hacia el escape en situaciones amenazantes y la ansiedad sería el estado de activación frente a ese miedo si no se ha resuelto o ante posibles exposiciones a ese mismo miedo.

La ansiedad se manifiesta a través de tres sistemas diferentes de respuesta como son el sistema motor (conductual), el sistema cognitivo (pensamiento) y el sistema fisiológico (somático). De este modo, podemos entender que la parte del sistema motor hace referencia a los componentes conductuales observables que van en la dirección de la evitación del estímulo o situación temida (escape); el componente cognitivo haría referencia a la propia experiencia interna de la persona que está experimentando la ansiedad, es decir, a la evaluación que se hace de la situación y/o estímulos temidos, por ejemplo, pánico, alarma, inquietud o aprensión; y por último, el componente fisiológico haría referencia a los cambios a nivel somático que se experimentan durante el estado de ansiedad y que implica un aumento de la actividad nerviosa vegetativa que puede llevar a sudoración, temblores, dilatación de las pupilas, palidez, sequedad bucal y aceleración cardíaca entre otros.

La ansiedad es fruto de una consecuencia evolutiva que durante los distintos estadios de evolución de nuestra especie se ha ido moldeando y ajustando para hacernos más aptos para la supervivencia en un mundo que antaño era más hostil (en términos de peligro para la integridad física) que el que conocemos hoy, marcado más por demandas psicológicas que físicas en buena parte del planeta. Entonces, ¿si la ansiedad nos ha servido para sobrevivir como especie y adaptarnos al medio, como puede ser que hoy en día suponga un problema para tantas personas? Aquí tendríamos que hacer una distinción entre lo que se considera ansiedad no clínica respecto de la ansiedad clínica o patológica, para Spielberger, la diferencia radicaría en que los síntomas de activación fisiológica serían más intensos y más frecuentes que en las condiciones de ansiedad no patológica. No obstante, realizar esta distinción entre estos distintos grados de ansiedad (clínica vs no patológica) puede resultar difícil, ya que en numerosas ocasiones será a demanda de tratamiento del propio paciente el realizar esta distinción, pudiendo percibirse el mismo estímulo como amenazante o no según las propias circunstancias, valores, nivel educativo, sexo, exposición temprana a aprendizaje vicario, por tanto, existe mucha variabilidad tanto a nivel intra personal (la misma persona es distintos estadios evolutivos o distintas circunstancias vitales) como a nivel inter personal (el mismo estímulo puede ser percibido como alarma o normal por distintas personas).

Spielberger en 1966 sostiene que «la ansiedad se define como un estado emocional transitorio o condición del organismo que varía en intensidad y fluctúa en el tiempo. Es una condición subjetiva, caracterizada por la percepción consciente de sentimientos de tensión y aprensión y por una alta activación del sistema nervioso autónomo».

Por otra parte, la ansiedad como rasgo la define como diferencias individuales relativamente estables en cuanto a la propensión a sufrir ansiedad, es decir, la tendencia de una persona a percibir como amenazantes y/o dañinos ciertos estímulos ambientales o internos y reaccionar sufriendo ansiedad.

Por tanto, como se puede deducir de este artículo, la ansiedad es un componente fundamental que ha asegurado la especie y que por ello se ha mantenido hasta nuestros días y se manifiesta con tanta facilidad y frecuencia, no obstante, en el mundo occidental donde la supervivencia suele estar garantizada, este mecanismo de defensa se activa frente a amenazas que no son de índole vital, sino amenazas de tipo psicológico, normalmente amenazas hacia el ego y el autoestima, haciendo sufrir mucho a las personas que lo experimentan.

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